lunes, 26 de abril de 2010

Las rodillas hablan...




Las rodillas hablando,
de mis ruegos necios.

El horizonte termina,
donde empieza su piel.

Bonita su jaula de oro,
sigue siendo prisión,
ámplia, fresca, al gusto,
mismos barrotes,
similares, insulsos,
cumplen su función.

Las rodillas sangrando,
los pañuelos en mano,
y la mirada esquiva,
mi imaginación flagelando.







¿En qué momento desprenderás tu vestido para tenderlo sobre mi suelo y pasar de rodillas?, como en aquellas veces donde pagando penitencia sangraba hasta el recuerdo.



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