jueves, 22 de abril de 2010

Abracadabra.




Después de ir a la montaña,
(porque era raro que la montaña viniera a mi),
no encuentro eco en mis palabras,
ni señal alguna diferente a la de los espejos (en mis charcos salados),
sólo encuentro el camino, desierto y polvoriento,
más parece vereda que autopista,
ni camino, ni hay señal, todo oculto...
Tomo mis cosas, guardo silencio,
regreso al muelle, y observo sus pasos,
ya poco a poco se van borrando
las marcas de sus puntitas...
en la arena.




No me noto amado, ni noto gana alguna de amarme, aparentemente, todo desapareció, vuelven los miedos extremos, los desprecios de antaño. Era de esperarse, se me acabó la mágia, el encanto.


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