El mazo es el mismo que impacta su cruz,
el mismo que labra mi lápida fría,
que cega mis ojos y tapa salidas.
Golpe a golpe se encaja despacio,
te amo a te amo sangran sus manos,
crece su vientre entrando al calvario,
atados sus ojos, cegada la vida,
laberinto eterno de escasa subida.
El pueblo le llora, despacio y sereno,
silente y ageno, cómplice eterno,
el pueblo le llora con sangre y ternura,
saborean la mentira, amargo veneno.
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